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Julian O tal Landi de los Angeles Medrano
Liniers a metros de la Gral Paz - Argentina rumbo al Bicentenario
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Capitulo I: El habitáculo (parte II)
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04/02/11 | 16:31: MONINA dice:
Hola, te felicito por todo lo que expusiste, todo me gustó mucho, me encantaría contar con vos en mi grupo de amigos, es por eso que te invito, puedes promocionarte exponiendo tus poesías o escritos o tus sentimientos o tus sueños, te elegí además por ser de Argentina, me encanta valorar a nuestros poetas argentinos, no escribo pero me gusta leer poesías, reflexiones, frases, cuentos, relatos, textos breves, de todo un poco, por eso si querés formar parte de mi grupo de amigos: “PUNTO DE ENCUENTRO AMIGOS DE BS.AS”, si gustás conocernos, también podés decirle a alguien de tus conocidos o amigos, si quieren ser nuestros amigos y al igual que a vos si quieren mandarnos algo sobre:"El Verano", "Las vacaciones", "La playa", "El mar", "La Amistad", "Los Amigos", "El amor", "Estar enamorada" o que tengan que ver con estos temas y quieran además tener nuevos amigos, tener una linda amistad duradera, fiel e incondicional, si apostás a la Amistad y aceptás comprometerte con ella, te invito a que transites nuestro camino de la Amistad con nosotros a cambio te ofrecemos toda nuestra amistad, estar en las buenas como en las malas, ser una buena compañía a través de mensajes, Chat o en encuentros de grupo en salidas varias, nuestro lema es: “Unirnos por la Amistad” Creemos que es un pequeño y humilde aporte para “La Paz en el Mundo”, dale aceptás? Te estaremos esperando con toda la buena onda y amistad por siempre y yo con los brazos abiertos virtualmente y quizás algún día en persona para darte la bienvenida! Somos vecinos, yo soy de Temperley,Buenos Aires, psicopedagoga Coord.Gral.: MONINA Para Suscribirse: puntodeencuentroamigosdebsas-subscribe@gruposyahoo.com.ar
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La siguiente es una exposición de relatos(¿se podría decir existencialistas?)que tienen la intención de ser una novela. El origen tuvo lugar a fines del 2008 en Congreso, sin ninguna idea en común, ni propuestas que se asomen, Salvador sacó la Remington del ropero y empezamos a escribir de manera completamente anarquica. Espero que sea de vuestro agrado.
Por Salvador Goldberg y Julián Otal Landi


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Capitulo I: El habitáculo (parte II)



Capitulo I: El habitáculo (parte II)

 Acontecía la madrugada, trémula e impertinente. En la cama un individuo se vuelve hacia la izquierda mirando a la pared; ahora a la derecha; ahora está boca abajo con la cara contra la almohada. “Qué sucia está esta funda, ¡por favor! El sábado la voy a lavar de una vez por todas” pensó el cuerpo bajo las sabanas. Estaba incomodo. Se sentó y bajó las piernas de la cama, prendió el velador (que no era un velador ¿o sí? Era en realidad una botella de gaseosa de 350 centímetros cúbicos; con arena hasta la mitad, en el pico tenía una lamparita de 25 watts; esa cosa la había armado una noche de invierno para combatir el insomnio y se había encariñado bastante con el artefacto y se negaba rotundamente a cambiarlo por un velador hecho y derecho) y se sacó los pantalones, los dejó sobre la silla y se quedó en calzoncillos, “ahora sí” pensó mientras se acostaba. Estaba destapado y miraba el techo; no había caso, no tenía sueño. Miraba por la ventana. Solo un recuerdo y un no me olvides. Manoteó los puchos y se prendió uno. Le gustaba mucho fumar acostado, aunque no sabía bien la razón. Le dolían los ojos; los sentía pegajosos y le picaban bastante, como una piedrita justo atrás del globo ocular, raspándole y haciendo que se rasque y se deje los ojos rojos. Mientras se rascaba sin parar escuchaba. Escuchaba ese silencio turbio que se arrastraba desde la planta baja y llegaba hasta el séptimo piso y llegaba aún más allá; a la terraza, a los demás departamentos, a las demás piezas, “etcétera etcétera” pensó Jorge burlándose; son las dos menos diez y hace frío pero Jorge se queda en la cama aunque la ventana esté abierta de par en par. Le da la última seca al pucho y lo apaga en el cenicero que estaba sobre la mesa (que no era…).

-Pero no me puedo dormir –pensó mientras se incorporaba dificultosamente porque desde hace tres días le vienen doliendo las piernas de una manera siniestra -¿Por qué? –dijo mientras caminaba alrededor de la pieza. “Pero ahora que lo pienso, Antonieta no está haciendo nada de ruido; esto es muy extraño che. ¿Se habrán ido y yo no los escuché? ¿Me habré dormido mucho tiempo? Pero si yo no me dormí… ¿o sí? En fin, no sé.” Se hundió la mano en sus cabellos y contó cuantos cigarrillos le quedaban, todavía tenía diez en el atado. A diez kilómetros de Jorge, aproximadamente; en Liniers, cerca de la cancha de Vélez, un joven está en su pieza también, está estudiando “Historia contemporánea” porque tiene que rendir un parcial, está entusiasmado ya que si todo sale bien, en tres meses será profesor de Historia; estudia escuchando los Ramones, la cervecita la deja para después del estudio, como un humilde festejo; la deja para después, para cuando suene Poison heart. Llegó al fin: “Los lectores no deben dejarse engañar por el tono de seguridad que se desprende de la bibliografía (incluidas mis propias observaciones) y confundir una opinión con la verdad establecida.” ¡El ultimo acápite del texto de Hobsbawm! ¡Nunca había querido tanto a Eric como ahora! Una sonrisa se dibuja en su cara y se decide a prender un Phillip. Se prendió un Phillip y pitó aplicadamente, “¿Qué puedo escuchar a esta hora de la noche? ¿Los Ramones? Mmm, me parece que estas tinieblas inmóviles se prestan mas para un disco de Floyd que para otra cosa. ¿Y qué disco? Uy…” dijo Jorge que había trabado conversación con su reflejo, que se veía apenas en la ventana que tenía bastantes partículas de polvo. “Ya sé, me iluminé ¡Dark side of the moon! ¡Esa pieza magnifica de música, de arte, de todo lo que fuera un entero y pudiera ser dividido en piezas; Breathe es la medida de todas las cosas, de las que son en cuanto son y de las que no son en cuanto no son, de Leontium y de Abdera, el lunático está en mi cabeza y me dice que nada existe, si algo existe es incognoscible y en el caso de que sea cognoscible es intransferible e incomunicable; obra trascendental, imperecedera, inamovible, infeliz sería yo si no pudiera escuchar a Waters y a Gilmour! Espero que el aparato lo lea, el CD está un poco rayado”

Sumamente extasiado estaba mientras se conmovía escuchándolos, el condimento extra era sobretodo que había vencido la problemática circunstancial que le pudiera haber acarreado el hecho de que el CD empezara a tartamudear, cosa que lo hubiera acercado un poco más al borde de la locura. El placer de lo que escuchaba sumado a lo que había estado pensando hasta ese entonces le produjo un ensimismamiento paradójico: cuan lejos pudiera estar físicamente Waters y Gilmour cuando en realidad los tenía ahí presentes, haciendo lo que saben hacer en su pieza ceremonialmente, había recordado a su amigo que estaba aproximadamente a 10 km de su ubicación topográfica y cuanto le envidiaba, porque de alguna forma, él no estaría contando cerca con ninguna Antonieta + ÉL + gato maullando... ¿o sí? Fue en ese preciso instante, cuando se dio cuenta que estaba con la música fuerte y se había olvidado de la situación embarazosa de salir de su cuarto, por lo tanto un aura de curiosidad se le había depositado en su mente nuevamente: ¿acaso ahora estaba realmente solo? Entonces aguardó a que termine su disco y comprobó de lo que ya se había percatado: el silencio aturde. No obstante, tenía que tener ciertos recaudos. Quizás lo estén esperando afuera en silencio, expectantes. Podía esperar, le quedaban siete cigarrillos. Comenzó a hacer cuentas paenzantemente:

Si Antonieta + ÉL + gato maullando se habían transformado en un conjunto homogéneo, el gato ahora no está maullando, entonces ¿no hay nadie?

Se desató un cordón de la zapatilla y lo empezó a pasar paezantemente por debajo de la puerta. Sabía que si estaban afuera (es decir en el pasillo) el gato no soportaría semejante tentación frente a un cordón que se asomase cuasi lombriz por debajo de la puerta. Si el gato reacciona, es porque está afuera (es decir en el pasillo), y si estaba allí sin maullar es porque Antonieta + Él no se encontraban, por ende ese conjunto homogéneo se había disipado. Empezó a mover el cordón trazando una “s” con él en el piso. Nada acontecía afuera. Entonces dedujo que el gato no estaba allí, pero puede que siga formando el conjunto homogéneo no tan lejos del pasillo. Seguía sin tener la seguridad garantizada. Entonces se levantó del piso creyendo que realmente había sido un verdadero estúpido: nada es fácil ni simple.  Se prendió el antepenúltimo cigarrillo, cuando el cordón se empezaba a arrastrar hacia fuera (es decir hacia el pasillo). Intentó reaccionar violentamente impidiendo la fuga del mismo, pero inútilmente se chocó contra la puerta. Empezaron los murmullos afuera, el ruido de la tecla de luz que se encendía cuestionando su proceder. Todo perdido, estaban todavía afuera esperándolo, más atentos que nunca y por culpa de él.  “<< ¿Qué me ha pasado?>>, pensó. No era un sueño. Su habitación, un auténtico habitáculo humano, estaba tranquila entre las cuatro paredes bien conocidos...”: a diez kilómetros de Jorge, un joven había decidido abrir su cerveza mientras leía por enésima vez La metamorfosis de Kafka. Definitivamente Cronos se burla de todos, los tiempos y las distancias, la ficción y la realidad, no se distinguen, se entremezclan, se confunden: mientras a miles de kilómetros de distancia Waters vomitaba en una maceta, Gregorio Samsa no sabe como levantarse de la cama, pretende encender el velador (que en realidad no era un velador), cuando escucha murmullos y cuestionamientos desde afuera (es decir desde el pasillo), donde el gato ya había abandonado el cordón para perseguir a una cucaracha mientras empezaban a golpear a la puerta el procurador + Antonieta buscando una respuesta a esta altura locuaz e impertinente: “¿estás ahí?”. Entonces Jorge no responde y enciende el penúltimo cigarrillo. 

 

  

“Que se la lleve el diablo” masculló Jorge y se acodó en la ventana que estaba de par en par, una corriente de aire simpática, refrescante, se dejaba sentir mientras subía por el pulmón del edificio; con los ojos cerrados Jorge pitaba aplicadamente mientras tiraba las cenizas sobre el piso, “total el sábado voy a limpiar” se dijo; había algo que no le gustaba, era que la ventana tuviera un mosquitero, eso no lo terminaba de convencer; “está bien, al menos así no entran bichos; pero qué necesidad de poner eso ahí, ¿tanto molestaron otrora los insectos a la persona que usufructuaba las bondades y las maldades de esa pieza para llegar al extremo de colocar este mosquitero, casi imperceptible desde una distancia prudente, digamos, desde la cama? La introyección de las cadenas, esto es siniestro; la libertad ya casi no se enfrenta con paredes, ahora se debate contra mosquiteros, pantallas de LCD de diez y siete pulgadas y celulares que hacen de todo; me estoy viniendo viejo” pensó y no pudo evitar que un rictus se le dibujara en el rostro. “La introyección de las cadenas” bisbiseó como para volver un poco a la realidad aunque ese bisbiseo no hizo mucha falta ya que lo que lo hizo bajar de las alturas estratosféricas donde lo habían depositado los vientos pulmonares de la construcción vertical que ha sido dada en llamarse comúnmente edificio fue el hecho que podía traducirse como una contracción en los riñones que estaban rebosantes de ese liquido que iba a ser menester que el evacúe fuera de su organismo cuanto antes, vale decir que tenía unas ganas de mear bárbaras. Era cuestión de tiempo para que ese sudor frio, tan conocido ya, comenzara a recorrerle la espalda haciéndolo estremecer; de hecho, ahí estaba, el sudor, las impertérritas y diminutas gotas transparentes (si eran transparentes) y frías surcaban su espalda sin cautela alguna; obedecían a Sir Isaac Newton y su ley de gravedad sin importarles nada en absoluto que la espalda por la cual se deslizaban estaba contracturada en su totalidad porque el hombre (si era un hombre) que decía ser el dueño, el poseedor de esa espalda, estaba que ex-plo-ta-ba de ganas de hacer pis; pero eso no era todo, oh no. Las palmas de las manos le traspiraban cual salamín en la guantera, ni hablar de la espalda surcada por las gotitas frías esas, estas circunstancias eran solo agravantes, agravaban el hecho en cuestión que era el siguiente: Jorge tenía ganas de piyar, para piyar iba a tener que ir al baño, para ir al baño iba a tener que salir de la pieza y surcar esos metros infames que separaban su pieza del baño cual navío que se abre paso en un mar agitado por vientos huracanados producidos por la gracia de Kraken que gentilmente trata de ahogar a toda la tripulación haciendo sucumbir la nave ante esas gigantescas olas embravecidas ¡que tragedia! Pero no solo eso, ir al baño, salir de su pieza, cruzar esos centímetros, todo eso representaba algo más, símbolos y mas símbolos, pero no solo eso, ir al baño implicaba adentrarse en ese terreno custodiado por la maldita ecuación cuyos términos eran Antonieta; ÉL; gato maullando (pero ya no maullaba); significaba salir del mundo sensible en el cual Jorge habitaba y adentrarse en ese territorio donde reinaba la dianoia y los números y de ahí, un paso más y todo el escenario serían las Formas, Formas por doquier, Forma de Baño, Forma de Pis, Forma de Antonieta; y a decir verdad Jorge tenía una extraña y peculiar relación con el mundo inteligible, con la noesis, una relación de amor y de odio, ciclotimia a la enésima potencia; además de que el Oscuro y el flujo constante del devenir le simpatizaban mucho, mucho más. “Minga que voy a salir” pensó totalmente encolerizado. “Pero entonces ¿qué hago?”. Que hacer, que hacer; totalmente abrumado por la situación que iba de mal en peor recordó sus días en esa pensión de Flores, donde de vez en cuando le agarraban estos ataques de desprecio hacia la marcha dialéctica que conducía al baño (mugriento las veinticuatro horas, dicho sea de paso) y recordó asimismo que en aquellas ocasiones había un recurso supremo, infalible, aunque no muy pintoresco. Sin dudarlo buscó la botella que esa misma noche, hace un ratito, lo había salvado también de ir al baño a lavarse la boca y las manos; abrió el placar y buscó su caja de herramientas de donde sacó un cutter otrora propiedad de un bolichero chupasangre con sedes en Chile de donde era originario y aquí, en las pampas húmedas; con el cual procedió a cortar la botella por la mitad dando a luz una suerte de ánfora inmaculada que pronto iba a rebalsar de meo. El placer era inefable, un misticismo areopagitense; y encima salía humito, “no pensé que hiciera tanto frío, casi ni se siente”. Una vez hubo acabado de realizar tan magna tarea y de haber dejado escapar algunas gotas que fueron a parar sobre el piso, guardó la botella en el placar, atrás de la caja de herramientas, para volverla a sacar, mañana quizá, y proceder a tirarla solemnemente a la basura con un poco de pena, una sensación de compañerismo lo ataba a ese pedazo de plástico con orina; era extraordinario, ya que si hubo algo gracias a lo cual Jorge pudo quedarse en su pieza, reino de la pistis y las sombras sin tener que recurrir al baño de las Formas, ese algo era la botella; decidió no tirarla, solo la vaciaría y la lavaría patrióticamente, para guardarla ahí, donde descansaba ahora, rubia y transpirada, detrás de la caja de herramientas, bajo el banquito, dentro del placar, del lado izquierdo de su pieza. “Menos mal que mi necesidad era la número uno y no la número dos, ahí sí que iba a estar más complicado”.

Se durmió finalmente en el momento indicado: su paquete de Philips yacía destrozadamente vacío en un costado de la cama. Hubiera sido una verdadera catástrofe seguir en vela sin puchos, autoexiliado (pero libre al fin) dentro de su habitación. Esa madrugada atormentadamente curiosa y familiar estaba llegando a su fin, dando comienzo al ocaso de setiembre. Entre sueños volvió a repetirse como aquel primer momento de la noche en la que había dejado de ser apenas un ser humano: “Mañana hay que trabajar...”, aunque algo dormitado su alma rebelde le retrucaba: “Justamente... ¡mañana!, ya estamos lunes, mañana ¿martes? habría que ir a trabajar...” mientras se le dibujaba una sonrisa algo babeante en su rostro mientras se decía: “¡Hoy es San Perón!”

 

al poderEn tanto, a 58 minutos de distancia (depende el tránsito) un contingente de siervos abarrotados de frío esperan afuera de una puerta que los llevará al infierno laboral cotidiano. Cuando el aplicado reloj empezaba a denunciar la seis y cinco de la mañana, uno de ellos empezaba a cosquillear al oído del jefe de sección: “de seguro que por la hora que es, jefe, Grostico se pegó el faltazo...” El jefe, que hasta entonces no se había percatado, masculló una puteada entre dientes mientras calculaba que si Grostico había faltado una vez más porque se le dio la gana, tomaría al toro por las astas. Sin embargo, no tuvo paciencia en ir al choque frontal y decidió una hora más tarde llamarlo por teléfono.  Jorge Grostico no entendía nada: ese aparatito endemoniado empezaba a vibrar como un cascabel sobre la mesa (que a esta altura se sabe que no era una mesa) y algo atolondrado e indefenso apeló a atender. No tuvo más remedio que invocar sus dotes actorales y simular un fuerte resfriado (en tanto su voz de dormido que le comprimía sus fosas nasales le adosaban un tono de veracidad)

-“O. K. Grostico, que te mejores. Ahora aviso de que te manden médico...”, definitivamente ese grandísimo hijo de puta había sido procreado para jorobarle la vida. No estaba en los planes de Jorge esperar al médico de la empresa, sobre todo sabiendo que podría conseguir algún certificado médico trucho. Sin embargo, eso no era lo que le preocupaba en ese momento inmediato: el llamado del jefe lo había vuelto a despertar a la terrible realidad de encontrarse sin cigarrillos. Por otro lado, eran las siete y Antonieta ya no estaba en casa, ¿cuál era el problema entonces? “El problema es enfrentar la realidad” se dijo a sí mismo en tono grave y heroico en tanto que el gato del lado de afuera al escucharlo empezó a rasguñar impacientemente la puerta. Se sonrío para sí recordando como odiaba a los gatos antes de alojarse ahí y como ahora pareciera que por momentos lo sintiera parte de sí mismo. Entonces abrió la puerta mientras atajaba la luz del pasillo y el gato se le enredaba entre las piernas.

-“Entonces, ¿estás con nosotros, no?”- el nuevo se encontraba algo indeciso ante la propuesta. Estaba entre la espada y la pared. -“Eeh...si si clar...”-

-“Esto es claro, compañero, sin rodeos. El hecho de que sea nuevo, no le quita su grado de responsabilidad dentro de nuestra lucha...”- decía Chispa mientras se iba posesionando en sus palabras, arremetiendo ademanes indeterminados a la par que su cuerpo se posicionaba como si imaginariamente se antepusiera un atril ante una multitud concentrada en el vestuario, donde cinco presentes atónitos depositaban la confianza en Chispa, lo que implicaba más presión para el nuevo: -“lo que pasa es que estoy a prueba... y hasta q-que no quede efectivo yo...”-

-“Hasta que no quede efectivo, mi amigo,

no es respuesta ante tamaña demanda,

acá hasta el más pequeño se agranda,

ante el avatar comedido.

así que se lo imploro, compañero,

haga del valor su trofeo...

acá luchamos todos,

O lo colgamos de los huevos...”- improvisaba oportunamente el compañero Grillo, que a falta de guitarra agitaba la mano del corazón en el aire.

Temblorosamente, mientras la quíntupla empezaba a señalarlo, el nuevo intentó retroceder decorosamente: -“es que mi mujer está sin trabajo, y si me agarran, y-y-y mis hijos...”-

-“y sus hijos estarán agradecidos, le digo,

de no tener un padre cobarde

que abandonó a sus compañeros

por temer que un plan se desbande,

porque acá luchamos unidos

cada uno hace su parte

y acá participa y se calla

no haga de su mariconada un alarde

ni de su indecisión un amague

porque sino de la patada

a su orto no le va a quedar ni la raya”.

            Entonces el nuevo se replegó en el silencio, mientras en su entorno reflexionaban algo preocupados: si Jorge Grostico les llegase a fallar para el día D, no habrá segunda oportunidad. Fue en ese momento delicado cuando Chispa se acomodó en el banco, volvió a su posición ortodoxa de brazos cruzados, apoyó su cabeza contra la pared y alarmado volvió a temer lo peor para sí: ¿Qué le pasa a Grostico? ¿Hace cuanto que no parece ser el mismo? Y lo peor: ¿desde cuanto hace que se volvieron tan dependientes de él?

            Sincrónicamente, Jorge se preguntaba desde cuánto hace que se había vuelto tan dependiente de su realidad, que de un tiempo a esta parte (y sobre todo a partir de la medianoche) todo lo demás le parecía intolerable y absurdo.

           

fasoCon el gato frotándose contra sus pies se le hacía imposible caminar porque temía pisarlo; el felino se empecinaba en seguirlo a todos lados y a Jorge eso no le molestaba demasiado; pero cuando se metía entre sus piernas, ahí sí, una cólera lo poseía súbitamente y mandaba al gato, a Antonieta, y por extensión a toda la raza humana al quinto carajo. “¡Que gato de mierda! Un día de estos lo voy a pisar sin querer y encima me voy a sentir culpable. Gato malparido”. Meji (tal era el nombre del animal cuadrúpedo de ojos celestes, pelaje gris con pintas marrones y bigotes en cuestión) luego de tal catarata de puteadas (que por supuesto no entendía) volvía a frotarse contra los pies de Jorge; “ad infinitum” pensó Jorge mirando al kitten y le sonrió. Las 7 y 45. “Antes que nada tengo que salir a comprar puchos; una vez que haya hecho eso, veré que es lo que sigue; son las ocho menos cuarto así que el kiosco ya debe de estar abierto; seguramente esta la chica de todas las mañanas; hoy es jueves por tanto debe llevar puesto el pullover blanco; su pelo mojado debe tener pinta de dejarse peinar dócilmente sin oponer demasiada resistencia, como todas las mañanas.” Como todas las mañanas Jorge pensó “como todas las mañanas” y se dirigió hacia el placar a buscar algún pantalón para ir a comprar los Phillips. Revolvió entre la ropa, arrugando aún más cuanta prenda caía en sus manos pero no encontró el vaquero negro. “¿Dónde lo habré puesto?” Cerró la puerta dejando en los estantes una masa de tela arrugada, un poco sucia, un poco limpia, y vio que una parte de algo que se asemejaba a un vaquero negro se asomaba por debajo del colchón que él tenía debajo de su cama. “¿Cómo fue a parar ahí? Qué locura.” Se puso los pantalones y agarró las llaves sin ganas. Se encontró en el ascensor apretando el botón que rezaba en su superficie “PB” y se miró al espejo al tiempo que el paralelepípedo metálico comenzaba a bajar haciendo unos ruidos horribles. Ya en la planta baja (o PB en el idioma de la caja de metal) caminó esos metros que lo separaban de la calle pensando “¿Qué estarán haciendo los muchachos? ¿Era hoy que se iban a juntar para hablar con el compañero nuevo? ¿O era mañana? ¿O fue ayer acaso? No me digas que era hoy porque de ser así, cuando vaya me van a estar atrás todo el día para romperme las pelotas. Yo me quejo por quejarme, me parece. Que forro que soy” sentenció Jorge con cara de forro mientras atravesaba el marco de la puerta y se sumergía nuevamente in the concrete jungle. Era eso, sólo eso. Tomar el atado con la mano derecha y con la izquierda tirar de la puntita que permite abrirlo (previa búsqueda de la misma con las uñas; que deben de tener una longitud prudente; la mugre es a gusto y piacere) para luego con la misma mano romper el papel de ¿aluminio? dejando a la vista cuatro puchos. Golpecito suave. Sosteniéndolo con la mano derecha (como hasta ahora, en ningún momento se dejó de tenerlo con la diestra) se lo golpea contra la zurda una vez, luego otra y otra más (este atado esta peliagudo); sale el cigarro. Luego es el shhcc shhccc y ese gusto al humo en la boca, que se espesa, toma consistencia dentro de la boca, se aterciopela y se apelmaza, la lengua surca esas tinieblas nicotínicas y tabacalericas y el ardor se deja sentir mientras corroe las papilas; es entonces cuando se deja de retener ese frente de tormenta bajo el paladar para segundos después proceder a liberarlo vía fosas nasales (y si se puede, por la boca también, uno así se siente Clint Eastwood.)

            piiipOjos marrones y estatura mediana. El cabello que se resiste a las tinturas trata de mantener su color castaño natural contra viento y marea. (Piiip) se encuentra ya en el lugar donde trabaja a diario rodeada de nada, nada en su interior y nada afuera; vacio por doquier. Se mira al espejo en el baño del personal, de los tan bien llamados “Recursos Humanos”; “recursos humanos, eso es lo que somos; esto es siniestro” pensó (Piiip) mientras se abrochaba el último botón del disfraz que usaba a diario para atender las solicitudes más nefastas detrás de ese mostrador.

Un muchacho oriundo de Estagira dijo alguna vez que el tiempo no existiría si no fuera por la existencia del movimiento, entre otras cosas claro. ¡Hablaba de tantas cosas ese muchacho! La unilinealidad del tiempo. Se traduce como ese cielo gris y algodonado donde de repente pasa volando, fugazmente, algún pajarito o algún ave de metal. Ese cielo ahora estático, ni un movimiento se percibe en él; parece una pintura, trazos grises y blancos y puntitos negros. En eso piensa Jorge mientras siente una suerte de vergüenza ya que nunca jamás pudo ser una de esas personas que se emocionan frente a una pintura, no podía, sencillamente no le salía, la contemplaba largo y tendido pero no, nada sucedía. “Que desastre, ni Klee ni Mondrian ni Escher ni nada; nada. Eso es exactamente. Eso es lo que entiendo: nada.” La unilinealidad del tiempo; todo lo abarca, todas las personas se ven insertas en él; aunque traten de no moverse el tiempo sigue igual, impasible ¿Se habrá equivocado el hijo de ese medico, allá lejos y hace tiempo en Grecia? Que cintura tuvo para decir que el motor se mueve a sí mismo; hay que reconocerlo, es fantástica esa idea ¡Qué cintura! ¿Habrá sido poco receptivo en lo que a esculturas y obras de arte se refiere? Definitivamente, Jorge buscaba un aliado, para no ahogarse en su soledad mientras un reloj cuelga de la rama de un árbol y deja caer un líquido extraño justo sobre él. Líneas negras. Líneas negras que forman figuras. Figuras coloreadas. Rojas. Azules. Amarillas. Un níveo paisaje como fondo. Y sobre él las líneas. Líneas negras y por ahí un nombre escrito en una cantidad inimaginable de lugares, de libros, cuatro letras, tan solo cuatro letras repetidas hasta la eternidad (o eran ocho letras). También es un lienzo que alguna vez habrá estado (o no) sobre un caballete; “no entiendo nada.” “No entiendo nada” pensó (Piiip) cuando la computadora con la que se veía obligada a trabajar en conjunto se murió, la pantalla era una gran pupila toda negra, inexpresiva, muerta. La pupila y su mirada penetrante. Mirada de desaprobación ante la nula experiencia de la que hacía gala la muchacha sentada frente a ella. La pupila desaprobaba la poca importancia que le daba (Piiip) a los artefactos tecnológicos, la pupila desaprobaba que ella pensara y sostuviera que estaba desconectada, cuando eso no era cierto en su totalidad. Nunca le gustaron las computadoras, nunca las entendió y nunca las iba a entender y según decía, no le interesaba tampoco. Lo mismo el jefe ya estaba junto a ella reparando el desperfecto que no era tal, sólo se había desconectado el monitor. “Era una boludez, se había desconectado el monitor (Piiip). Tomate tus quince para comer y trata de volver a tiempo” dijo el patrón. A lo que (Piiip) contestó sin demora que si ella trabajaba siete horas, le correspondían irrevocablemente treinta y cinco minutos de almuerzo; porque por ley a cada hora trabajada le corresponden cinco minutos de descanso y que ella se los iba a tomar uno por uno los treinta y cinco, ni uno más ni uno menos. El jefe no arguyó nada y eso no la sorprendió, pero se entristeció al notar a sus compañeras de trabajo con la mirada fija en los ciclopes lumínicos que tenían a cincuenta centímetros de sus caras; no dijeron nada, ni siquiera voltearon para ver qué era lo que sucedía, a qué se debían esos comentarios; solo se limitaron a seguir trabajando, perpetuando la introyección de las cadenas. En realidad no se entristeció, solo sintió una mezcla de angustia y rabia, con algún tinte de pena y de bronca; “nunca dicen nada, les dicen ‘mierda’ y ellas ‘amen’; yo no tengo que estar acá, yo no pertenezco acá. Me quiero ir. Me quiero ir ya.” Se levantó de la silla en la que estaba sentada y se fue a comer; a los treinta y cinco minutos volvió y se sentó frente a la computadora. “¿Ad infinitum?” pensó mientras ingresaba su clave en el sistema y decía “Adelante. ¿Quién sigue?”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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04/02/11 | 16:31: MONINA dice:
Hola, te felicito por todo lo que expusiste, todo me gustó mucho, me encantaría contar con vos en mi grupo de amigos, es por eso que te invito, puedes promocionarte exponiendo tus poesías o escritos o tus sentimientos o tus sueños, te elegí además por ser de Argentina, me encanta valorar a nuestros poetas argentinos, no escribo pero me gusta leer poesías, reflexiones, frases, cuentos, relatos, textos breves, de todo un poco, por eso si querés formar parte de mi grupo de amigos: “PUNTO DE ENCUENTRO AMIGOS DE BS.AS”, si gustás conocernos, también podés decirle a alguien de tus conocidos o amigos, si quieren ser nuestros amigos y al igual que a vos si quieren mandarnos algo sobre:"El Verano", "Las vacaciones", "La playa", "El mar", "La Amistad", "Los Amigos", "El amor", "Estar enamorada" o que tengan que ver con estos temas y quieran además tener nuevos amigos, tener una linda amistad duradera, fiel e incondicional, si apostás a la Amistad y aceptás comprometerte con ella, te invito a que transites nuestro camino de la Amistad con nosotros a cambio te ofrecemos toda nuestra amistad, estar en las buenas como en las malas, ser una buena compañía a través de mensajes, Chat o en encuentros de grupo en salidas varias, nuestro lema es: “Unirnos por la Amistad” Creemos que es un pequeño y humilde aporte para “La Paz en el Mundo”, dale aceptás? Te estaremos esperando con toda la buena onda y amistad por siempre y yo con los brazos abiertos virtualmente y quizás algún día en persona para darte la bienvenida! Somos vecinos, yo soy de Temperley,Buenos Aires, psicopedagoga Coord.Gral.: MONINA Para Suscribirse: puntodeencuentroamigosdebsas-subscribe@gruposyahoo.com.ar
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